Una misionera Hija de San Pablo en China

Elena Ramondetti

Elena Ramondetti partio  el 8 de enero de 1937, hacia China. Ella recuerda -Cuando partí para China con otras hermanas, Maestra Tecla, nos acompañó a la estación y cuando nos separamos, me abrazó con tanta efusión, que todavía me conmuevo al recordar aquella escena. El mismo día, mi mandó una carta de afecto y de materna exhortación: nos recomendaba sobre todo de querernos bien, de  mantenernos fieles, siempre unidas a los superiores, de formar una comunidad de caridad y hacernos santas. Desde 1937 al 1941, cuando estalló la segunda guerra mundial, regularmente nos siguió con sus cartas, siempre atenta por nuestra salud, nos recomendaba de estudiar bien el idioma e insertarnos gradualmente en el nuevo ambiente chino y luego filipino, para estar en mejores condiciones para desarrollar el apostolado.

Al regresar de Oriente por primera vez, después de diez años: sólo entonces volví a ver a la Primera Maestra, quien vino a Nápoles para encontrarnos personalmente. Con tanta premura, nos preguntaba, cómo había sido el viaje, cómo habíamos estado durante los largos años de guerra… y concluía: «La Virgen las ha salvado a todas; sean agradecidas y busquen de querer tanto a María Santísima».

Todavía recuerdo su extrema puntualidad en responder las cartas. En los años de guerra, desde 1941 hasta la mitad de 1945, las comunicaciones no eran posible; Maestra Tecla, se las arreglaba mandando cartas para nosotras a las hermanas de los Estados Unidos. Luego, cuando la comunicación entre Italia y las naciones del Oriente se reabrieron, ni siquiera una carta quedó sin respuesta, hasta su última enfermedad. Era precisa y sintética; con pocas palabras respondía y clarificaba cualquier problema.

De Maestra Tecla, en particular, me ha impresionado, la virtud de la humildad y a su gran fe. De regreso a la India, después de haber estado unos pocos meses en Roma, encontré en mi bolsa su esquela: «Te agradezco que hayas venido y te pido perdón si fue desatenta contigo… pero tú sabes que te quiero mucho».

Cuando P. Alberione y Maestra Tecla vinieron a vitarnos en Bombay, en 1955, nuestra casa era muy pequeña. El Primer Maestro nos dijo enseguida que tendríamos necesidad de una casa más grande. Y M. Tecla, repuso: «Sí, pero faltan los medios». Padre Alberione la miró serió y replicó: « ¿Y la fe? ¿Es posible que se razone todavía tan humanamente?». Ella aceptó humildemente la observación, le agradeció y más tarde dijo: « ¿Han sentido lo que ha dicho el Primer Maestro?… tengamos fe…».

Hna. Maria Lorenzina Misionera de Corazón

 Hna. Maria Lorenzina ha llegado a esta importante meta manteniendo intacta su persona, la vivacidad de pensamiento, el interés por los demás, la apertura a la amistad, el ingenio y la espontaneidad en el comunicar lo que vibra en su corazón. Todo esto brota y es continuamente alimentado por la oración cotidiana, que en el tiempo se ha convertido en una relación siempre más íntima y profunda con Jesús, su único Señor.

En los largos años transcurridos en la Congregación, donde ha llegado a la joven edad de 12 años, ha desarrollado varios servicios apostólicos en Italia y en extranjero. Recordamos en particular la dirección de Così, una revista semanal para las jóvenes, nacida en Roma en 1955 por expreso deseo del Fundador, el beato Santiago Alberione.

Su corazón, se convirtió en universal en los años transcurridos en Francia, India, Filipinas, Estados Unidos, Inglaterra, Australia, donando todo su ser con gratuidad para comunicar con alegría a todos el amor del Padre. Incluso en estos últimos años, ha continuado compartiendo con entusiasmo, sobre todo con las jóvenes generaciones, la belleza de la vocación, su relación libre y filial con Hna. Tecla Merlo, cofundadora de las Hijas de San Pablo, su corazón misionero, irradiando siempre positividad y apertura al futuro.

La Superiora Provincial, le expresó la gratitud de todas las hermanas de la Provincia y de la Congregación con palabras llenas de afecto: «Gracias, hna. Lorenzina, porque sigues siendo para nosotras un regalo, un don. Gracias porque nos estás enseñando el valor del desapego y el amor puro, que es esencialmente oración, ofrecimiento, sonrisa, acogida humilde de lo que la vida nos ofrece. Gracias porque eres simplemente Paulina: eres un corazón que arde para que lo bueno, lo bello, el bien se difunda en el mundo y crezca la confianza en el Padre Celestial Celeste, la civilización del amor y la cultura del encuentro. ¡Gracias al Señor porque estás! Siéntete abrazada por todas nosotras».

Testimonios misioneros

La Hna. Eulalia Misionera en Corea

La Hna Eulalia nacida en Pulsano de la provincia de Taranto el 12 de enero de 1921, entra entre las Hijas de San Pablo a la edad de 16 años y, después de la consagración, comienza con mucha fe y entusiasmo su vida como misionera paulina para llevar el Evangelio a tierras lejanas. Durante 10 años ha estado en Japón acompañado el desarrollo no fácil de las primeras comunidades y la formación de las jóvenes japonesas que pedían formar parte del Instituto. El 8 de diciembre de 1960, junto a otras tres hermanas Paulinas, a pesar de muchas dificultades, cruzó los confines de Corea y funda la primera comunidad al servicio de la Palabra de Dios en Seúl-Miari, permaneciendo allí por 41 años, formando numerosas jóvenes coreanas para ser Hijas de San Pablo. Abriendo el camino a la difusión del Evangelio en la cultura coreana involucrando en esa misión a muchos laicos y laicas y animando y acompañando el crecimiento de las Anunciatinas, Instituto de vida secular consagrada, y de los Cooperadores, Movimiento laical, ambos pertenecientes a la Familia Paulina. La Hna. Eulalia se ha distinguido por su coraje, por su pasión apostólica, por el entusiasmo que, todavía hoy, no obstante su enfermedad y avanzada edad, comunica a manos llenas a quien se acercan a ella con sus palabras siempre gentiles y estimulantes, su sonrisa amable y cautivadora, agradecida al Seños por la “plenitud” de gracias recibidas en su larga vida.

Octubre mes de las misiones

La iglesia es indudablemente misionera, las últimas palabras de Jesús antes de la ascensión fueron “Id y anunciad el evangelio a toda la creación”, el mandato misionero  está bien claro desde los inicios de la iglesia.

Octubre es el mes de las misiones, durante este tiempo la iglesia sensibiliza a todos los bautizados a vivir su labor misionera en el mundo y colocar  en primer nuestra adhesión de fe a Jesucristo, fe que hemos recibido gratuitamente como un don en el bautismo. La Const. dogm. Lumen gentium, 48  nos dice “Nuestra pertenencia filial a Dios no es un acto individual sino eclesial: la comunión con Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo, es fuente de una vida nueva junto a tantos otros hermanos y hermanas. Y esta vida divina no es un producto para vender —nosotros no hacemos proselitismo— sino una riqueza para dar, para comunicar, para anunciar; este es el sentido de la misión. Gratuitamente hemos recibido este don y gratuitamente lo compartimos (cf. Mt 10,8), sin excluir a nadie. Dios quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad, y a la experiencia de su misericordia, por medio de la Iglesia, sacramento universal de salvación”.

Pero la misión solo es posible si verdaderamente estamos enamorados de cristo, la carta de Juan nos dice “Les anunciamos lo que existe desde el principio, a quien hemos visto y oído. Lo vimos con nuestros propios ojos y lo tocamos con nuestras propias manos. Él es la Palabra de vida.” 1 Jn 1,1. Si queremos ser auténticos misioneros, debemos tener un corazón apasionada por Cristo, no se puede callar  al amor.

¿Cómo puedes ser misionero? Puedes ser misionero desde tu lugar de origen, en tu familia, con tus amigos, en tu lugar de trabajo, lo importante es comunicar la Palabra de Dios con amor y sencillez.

¿Cómo puedo ser misionero más allá de las fronteras? las Obras Misionales Pontificias, están  propuestas como instrumento misionero en la  Maximum illud. Las OMP manifiestan su servicio a la universalidad eclesial en la forma de una red global que apoya al Papa en su compromiso misionero mediante la oración, alma de la misión, y la caridad de los cristianos dispersos por el mundo entero. Sus donativos ayudan al Papa en la evangelización de las Iglesias particulares (Obra de la Propagación de la Fe), en la formación del clero local (Obra de San Pedro Apóstol), en la educación de una conciencia misionera de los niños de todo el mundo (Obra de la Infancia Misionera) y en la formación misionera de la fe de los cristianos (Pontificia Unión Misional). Si sientes que Dios te llama a ser misionero, ponte en contacto y fórmate para discernir la voluntad de Dios.

San Agustín convertido al leer la Biblia

Combatían en el joven Agustín, casi con furia, | la naturaleza y el espíritu. Su corazón ardiente y apasionado no se saciaba con nada; su mente, que desde hacía tanto tiempo buscaba en vano la verdad, sentía una gran pena por no haberla encontrado. Llegó finalmente el tiempo de la luz, del triunfo de la gracia divina, movida por las fervorosas oraciones y las amargas lágrimas de su madre, santa Mónica.

El inquieto Agustín se encuentra en Sagaste. En el silencio de su jardín oye repetidamente unas palabras arcanas: «¡Toma y lee!». Como un nuevo Saulo,[1] no duda un instante; se inclina, toma el libro que se encuentra junto a un árbol y lee: «Comportémonos decentemente, como en pleno día; nada de comilonas ni borracheras, nada de lujuria ni desenfreno, nada de peleas ni envidias; al contrario, revestíos de Jesucristo, el Señor, y no busquéis satisfacer los bajos instintos» (Rom 13,13-14).

Estas palabras de la carta a los Romanos le bastan. El joven, como despertando de un sueño profundo, las considera un aviso del cielo, recapacita y decide cambiar de vida.

Cuando su amigo Alipio entra poco después en el jardín, le encuentra con el rostro entre las manos y deshecho en lágrimas. No sabe que Agustín ha dejado de ser su confidente en el maniqueísmo y que es ya un cristiano.

Sabemos que Agustín hizo un bien inmenso en la Iglesia con la predicación y especialmente con sus escritos, de los que podemos recordar las Confesiones, la Ciudad de Dios, el Modo de enseñar a los ignorantes, el tratado sobre la Música, los dedicados a la santísima Trinidad, a la Gracia, etc., todos de un inmenso valor y fuentes inagotables de doctrina por estar fundados en la Biblia, a la que san Agustín debía no solamente su conversión, sino toda su ciencia, como él mismo confesó.

Florecilla. Recitar a Jesús Maestro tres padrenuestros, avemarías y glorias para que la Biblia entre en todas las familias y haga que muchas almas encuentren el camino de la verdad.

El presente artículo es una síntesis. Si quieres leer el libro completo entra en este link: http://operaomnia.alberione.org/es/opere/leggete-le-sacre-scritture-esp


[1] Saulo es Pablo apóstol, mientras que Saúl indica normalmente en LS al rey de Israel, de la tribu de Benjamín, a la que también Pablo dice pertenecer, reivindicando así un título real (cf. Rom 11,1; Flp 3,5).