La castidad

El papa san Juan Pablo II exhortaba a los jóvenes y a sus familias a educar en la castidad “el dominio de si” . Educar en el amor es la clave, “La educación para el amor como don de sí mismo” ante una cultura que banaliza la sexualidad, reduciéndola a la genitalidad, al placer egoísta. Cada joven está llamado a descubrir la riqueza de la sexualidad, como un don que lleva al amor auténtico, a la castidad, que es la capacidad de orientar el impulso sexual al servicio  del amor. No llegamos solo con nuestras fuerzas a vivir la castidad, la castidad es un don, una gracia, Pidamos al Padre que nos de la gracia de vivir en castidad ya que nuestra debilidad es grande , pero no hay nada imposible si se cuenta con Dios y la voluntad.

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Los sentimientos, ni malos ni buenos .

Todos tenemos sentimientos, ellos forman parte  de nuestro maravilloso mundo interior. La alegría, la tristeza, el enojo, la nostalgia, la rabia, todo lo que ciento al pensar en alguien, son realida­des que viven en mí. Cada persona tiene una manera propia de reaccionar, de emocionarse frente a un estímulo, lo importante es saber canalizar los sentimientos. El primer paso es asumirlos, no es el otro que me hace sentir, yo soy el que siente rabia, vergüenza, fastidio, rencor, la presencia del otro  puede suscitar sentimientos, emociones, movimientos instintivos. Estos sentimientos, emociones, reacciones, que se despiertan en mí  no son ni buenas ni malas moralmente, porque son instintivas y forman parte de nuestro mundo natural. El estar atentos a que sentimientos  que surgen y saber  administrarlos es un signo de madures, conocer cuáles son los sentimientos que  reinan en mi me abren la puerta para conocerme mejor y ser más auténtico.

los sentimientos - Me encanta escribir en español - Señor ADAMS

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Una respuesta concreta

Si no hay llamado de Dios no hay vocación, como no la habría sin respuesta de las personas. La vocación es la unión de estos dos elementos: humano y divino. Dios nos ama y respeta y nos invita a colaborar con Él. San Agustín decía Tarde te amé belleza tan  tan antigua y tan viva tarde te amé .Este santo busco incansablemente la verdad por todos lados pero no encontraba una respuesta que lo satisficiera. Hasta que encontró a Jesús, hizo experiencia, se dejó amar y después de tanto buscar se animó a dar una respuesta concreta consagrándose a Dios por entero. Dios no llama a personas especiales, llama a personas normales como tu y yo. Él llamo a los que quiso.

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¿Qué es VOCACIÓN?

La vocación es un acontecimiento misterioso,  es un llamado de Dios al hombre que  no tiene explicación, la vocación surge de los momentos fuertes de oración y misión  que  generan un  dialogando con Dios, allí  me doy cuenta que no estoy en la tierra por casualidad, tengo una misión, me siento parte de la historia, la realidad grita mi nombre, me reclama,  quiero hacer algo ante la necesidad de mi hermano  y de allí surge una  pregunta ¿Señor que quieres de mí?  Dios responde  de diversas maneras. Y  luego surge una respuesta – Aquí estoy para hacer tu voluntad, muéstrame el camino. 
Por este motivo cuando hablamos de vocación hablamos de un camino de un proceso que dura toda la vida. Dentro de este camino, el señor me puede mostrar un estado de vida, me motive a prepararme en una profesión específica para servir, esto tiene que ver con una entrega generosa, pero principalmente tiene que ver con estar con Jesús, Jesús nos llama para que compartamos todo con el y ser sus amigos.

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Mensaje para la 52 Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones.Papa Francisco

Fragmentos para tener en cuenta.

El éxodo, experiencia fundamental de la vocación

Quisiera reflexionar precisamente sobre ese particular «éxodo» que es la vocación o, mejor aún, nuestra respuesta a la vocación que Dios nos da. Cuando oímos la palabra «éxodo», nos viene a la mente inmediatamente el comienzo de la maravillosa historia de amor de Dios con el pueblo de sus hijos, una historia que pasa por los días dramáticos de la esclavitud en Egipto, la llamada de Moisés, la liberación y el camino hacia la tierra prometida.

En la raíz de toda vocación cristiana se encuentra este movimiento fundamental de la experiencia de fe: creer quiere decir renunciar a uno mismo, salir de la comodidad y rigidez del propio yo para centrar nuestra vida en Jesucristo; abandonar, como Abrahán, la propia tierra poniéndose en camino con confianza, sabiendo que Dios indicará el camino hacia la tierra nueva. Esta «salida» no hay que entenderla como un desprecio de la propia vida, del propio modo sentir las cosas, de la propia humanidad; todo lo contrario, quien emprende el camino siguiendo a Cristo encuentra vida en abundancia, poniéndose del todo a disposición de Dios y de su reino. Dice Jesús: «El que por mí deja casa, hermanos o hermanas, padre o madre, mujer, hijos o tierras, recibirá cien veces más, y heredará la vida eterna» (Mt 19,29). La raíz profunda de todo esto es el amor.

Quisiera decirles especialmente a los más jóvenes que, también por su edad y por la visión de futuro que se abre ante sus ojos, saben ser disponibles y generosos. A veces las incógnitas y las preocupaciones por el futuro y las incertidumbres que afectan a la vida de cada día amenazan con paralizar su entusiasmo, de frenar sus sueños, hasta el punto de pensar que no vale la pena comprometerse y que el Dios de la fe cristiana limita su libertad. En cambio, queridos jóvenes, no tengáis miedo a salir de vosotros mismos y a poneros en camino. El Evangelio es la Palabra que libera, transforma y hace más bella nuestra vida. Qué hermoso es dejarse sorprender por la llamada de Dios, acoger su Palabra, encauzar los pasos de vuestra vida tras las huellas de Jesús, en la adoración al misterio divino y en la entrega generosa a los otros. Vuestra vida será más rica y más alegre cada día.

Puedes leer el mensaje completo en la dirección que se encuentra al pie del texto. frases-del-papa-francisco-los-jovenes-papa-jovenes-rio1

http://w2.vatican.va/content/francesco/es/messages/vocations/documents/papa-francesco_20150329_52-messaggio-giornata-mondiale-vocazioni.html