Oraciones

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Hasta que Cristo se forme en nosotros

Maestro, tu vida traza el camino: tus enseñanzas confirman e iluminan mis pasos; tu gracia me sostiene y guía en el camino para el cielo. Tú eres el Maestro perfecto: enseñas, das el ejemplo y fortalece al discípulo en tu seguimiento.

Maestro, tú tienes palabras de vida eterna: a mi mente, a mis pensamientos substituye por ti mismo. Tu que iluminas a todo ser humano y eres la propia Verdad. Yo no quiero pensar si no ser como tú enseñas, ni juzgar a no ser a no ser según tus criterios, ni pensar a no ser contigo, Verdad substancial, donada a mí por el Padre. Vive en mi mente, oh Jesús Verdad.

Tu vida es camino, seguridad única, verdadera, infalible. El pesebre, Nazaret, el calvario trazan el camino divino de amor al Padre, de pureza infinita y de amor a las personas. Hazme conocer tus caminos y que en cada momento, yo coloque el pie sobre tus pisadas de pobreza, castidad y obediencia. Todo camino ancho no es tu camino, y yo quiero evitar todo camino que no conduce a Ti. Aquello que quieres, yo quiero. Establece tu voluntad en lugar de mi voluntad.

Substituye mi corazón por el tuyo. Substituye mi amor a Dios, al prójimo y a mi mismo por tu amor. Substituye mi vida pecadora y humana por tu vida divina. “Yo soy la Vida”. Que mis acciones manifiesten tu vida como hizo San Pablo: “Es Cristo que vive en mi”. Vive en mi, oh Jesús Maestro Vida.

 trinidad

 

A la Santísima Trinidad

Divina Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, presente y operante en la Iglesia y en lo más profundo de mi ser; yo te adoro, te doy gracias y te amo. Por medio de María, mi madre santísima, me ofrezco, entrego y consagro totalmente a ti por toda la vida y para la eternidad.
   
A ti, Padre del cielo, me ofrezco, entrego y consagro como hijo.
   
A ti, Jesús Maestro, me ofrezco, entrego y consagro como hermano y discípulo.
   
A ti, Espíritu Santo, me ofrezco, entrego y consagro como “templo vivo”, para ser consagrado y santificado.
   
María, madre de la Iglesia y madre mía, tú que vives en intimidad con la Trinidad Santísima, enséñame a vivir, por medio de la liturgia y los sacramentos, en comunión cada vez más profunda con las tres divinas Personas, para que toda mi vida sea un “Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo”. Amén.

 

Invocaciones a Jesús Maestro

Jesús Maestro, santifica mi mente y acrecienta mi fe.
Jesús, Maestro en la Iglesia, atrae a todos a tu escuela.
Jesús Maestro, líbrame del error, de los pensamientos vanos y de las tinieblas eternas.
   
Jesús, camino entre el Padre y nosotros, lo ofrezco todo y todo lo espero de ti.
Jesús, camino de santidad, hazme fiel discípulo tuyo.
Jesús camino, hazme perfecto como el Padre que está en el cielo.
   
Jesús vida, vive en mí para que yo viva en ti.
Jesús vida, no permitas que me separe de ti. 
Jesús vida, concédeme vivir eternamente el gozo de tu amor.
  
Jesús verdad, que yo sea luz del mundo.
Jesús camino, que sea ejemplo y modelo para los hombres.
Jesús vida, que mi presencia lleve a todas partes gracia, alegría y paz.

 

 

Pacto de Alianza

Jesús Maestro, acepta el pacto que te proponemos por medio de María, Reina de los Apóstoles, y de nuestro padre san Pablo.
   
Nosotros hemos de corresponder fielmente a tu plan de salvación: alcanzar la santidad y gloria a que nos has destinado, realizar con entrega y constancia el apostolado con los instrumentos de la comunicación social [el apostolado pastoral / el apostolado vocacional].
   
Pero nos sentimos demasiado débiles, ignorantes, incapaces y limitados en todo: en el espíritu, en la ciencia, en el apostolado y en la pobreza…
   
Tú, en cambio, eres el camino, y la verdad, y la vida; la resurrección, nuestro único y supremo bien.
   
Por eso confiamos sólo en ti, que nos has dicho: “Todo lo que pidáis al Padre en mi nombre, os lo dará”.
   
Por nuestra parte, prometemos y nos comprometemos a buscar en todo y con todas las fuerzas, en la vida y en el apostolado, sólo y siempre, tu gloria y la paz de los hombres. Contamos con que, por tu parte, nos des un espíritu bueno, gracia, ciencia y los medios necesarios para cumplir la misión que nos has confiado. Por tu inmensa bondad, y según las exigencias de nuestra vocación específica, multiplica los frutos de nuestro trabajo espiritual, de nuestro estudio, nuestro apostolado y nuestra pobreza. No dudamos de ti; pero tenemos miedo de nuestra inconstancia y debilidad.
   
Así, pues, por intercesión de nuestra madre, María, acógenos, Maestro bueno, con la misma misericordia que a nuestro padre san Pablo, para que, imitándolo fielmente en esta vida, podarnos compartir con él la gloria del cielo.

 

Por el apostolado de la comunicación social

Señor Dios nuestro, que, para comunicar a los hombres tu amor de Padre, has enviado a la tierra a tu Hijo único, Jesucristo, y lo has constituido Maestro, camino, verdad y vida de la humanidad, haz que los instrumentos de comunicación social: prensa, cine, radio, televisión, vídeo y todos los audiovisuales, sean siempre empleados para gloría tuya y paz de los hombres.
   
Suscita vocaciones para este multiforme apostolado e inspira a todos los hombres de buena voluntad para que cooperen con la oración, la acción y los medios económicos, para que, con estos medios, la Iglesia proclame el Evangelio a todos los pueblos. Amén.

Antes del apostolado redaccional

Jesús Maestro, te ofrezco mis instrumentos de trabajo y la actividad apostólica con las mismas intenciones con que tú predicaste el evangelio. Todo sea, sólo y siempre, para gloria tuya y paz de los hombres. Jesús verdad, que todos te conozcan. Jesús camino, que todos te sigan dócilmente. Jesús vida, que todos te amen.

 

Antes del apostolado técnico

Jesús Maestro, que has predicado tu sabiduría divina, disponiendo que fuese comunicada por los apóstoles; dirige tu mirada bondadosa sobre nosotros y sobre nuestro apostolado.
   
Te damos gracias por haber puesto en nuestras manos los medios más geniales, más rápidos y eficaces: todo es tuyo; y también nosotros somos instrumentos para tu gloria. Te ofrecemos nuestro trabajo con las mismas intenciones con que tú trabajaste, predicaste y padeciste. Queremos cooperar a la salvación de los hombres, como lo hicieron María, José, Pablo…
   
Jesús Maestro, danos tu bendición para que realicemos este apostolado con acierto, con amor y con fruto, para gloria tuya y paz de los hombres.

 

Antes del apostolado de difusión

Jesús Maestro, te ofrezco mi trabajo de difusión con las mismas intenciones con que tú proclamaste el evangelio por los caminos de Palestina: para gloria del Padre y paz de los hombres.
   
María, madre, protégeme y guía todos mis pasos. San Pablo apóstol, haz que el evangelio llegue a todos los hombres y lo acojan con un corazón bien dispuesto  

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Consagración del apostolado

Dios te salve, María, madre, maestra y reina de todo apostolado. Tú eres la reina de los ángeles, de los patriarcas, apóstoles, mártires, confesores y vírgenes. Tú, velando siempre por la salvación de todos, diriges la mirada sobre justos y pecadores. Jesús, desde la cruz, te confió la misión de ser nuestra madre, y por eso encendió en tu corazón la llama del amor y solicitud universal. Continúa, pues, suscitando, sosteniendo y formando vocaciones para todos los apostolados en favor del reino de tu Hijo.
   
Nosotros, llamados al urgente apostolado de la comunicación social, te consagramos la creatividad, los medios, iniciativas y fatigas del trabajo cotidiano. Y sobre todo, te consagramos nuestras propias personas: energías, inteligencia, voluntad y corazón. Somos tuyos, madre querida, y todo cuanto tenemos lo ofrecemos a Jesús por mediación tuya. Haz que descienda sobre nosotros la fuerza del Espíritu Santo con la abundancia con que descendió sobre los primeros apóstoles. Ilumina nuestra mente para que comprendamos la grandeza de nuestra vocación. Fortalece nuestra voluntad y enciende el amor en nuestro corazón. Santifica a los escritores, técnicos y difusores.
   
Que escuchemos, sigamos y amemos a Jesucristo, Divino Maestro. Que el pecado no profane nunca nuestras personas ni los medios y locales a ti consagrados. Líbranos, madre inmaculada, de la insidiosa tentación del desaliento.
   
Vive entre nosotros, María. Dichosos los que viven en tu casa.
   
Te prometemos usar con dignidad todos los medios de nuestro apostolado, pues te pertenecen, reina nuestra. Queremos esforzarnos para que las ediciones sean pastorales en el contenido y, en su presentación, dignas de las verdades que comunican, ofreciendo siempre, como hiciste tú, a Cristo, camino, verdad y vida. Que el evangelio se difunda e ilumine al mundo según el espíritu de san Pablo, nuestro padre, y que todas las generaciones te proclamen dichosa.
   
Habla, Jesús, pronuncia tus palabras de vida eterna; derrama tu Espíritu sobre la humanidad. Que haya un único magisterio, como una es la Verdad, uno el Maestro, una la fe y una la Iglesia.
   
Tú estás con nosotros, y desde aquí quieres iluminar. Concédenos vivir siempre en continua conversión.
   
Bendice a cuantos cooperan con la oración, la acción y los recursos económicos.
   
Ven, Señor Jesús; vive en nosotros y reina en el mundo por María y con María.
   
Que nuestra muerte sea serena como la de quien ha sido fiel a su vocación; y nuestro encuentro definitivo contigo sea el momento en que el obrero diligente recibe con gozo su salario; y nuestro premio eterno sea el reservado a los apóstoles. Por ti, Jesús, y por ti, María, gloria a Dios Padre por los siglos y en la tierra paz a los hombres. Amén.

Consagración de sí mismo a María

Recíbeme, María, madre, maestra y reina, entre los que amas, cuidas, santificas y formas en la escuela de Jesucristo, Divino Maestro.
   
Tú reconoces en los planes de Dios a los hijos que él elige, y con tu oración les obtienes gracia, luz y auxilios especiales. Mi maestro, Jesucristo, se confió totalmente a ti desde la encarnación hasta la ascensión, y esto es para mí enseñanza, ejemplo y don inefable, por lo que también yo me pongo plenamente en tus manos. Consigúeme la gracia de conocer, imitar y amar cada vez más a Jesús Maestro, camino, verdad y vida. Preséntame a él, pues soy un pecador indigno, sin más título que tu recomendación para ser admitido a su escuela. Ilumina mi mente, fortalece mi voluntad, santifica mi corazón en esta etapa de mi trabajo espiritual, para que aproveche tu gran misericordia, y pueda al fin decir: “Vivo yo, pero no soy yo, es Cristo quien vive en mí” (Ga 2,20). Apóstol san Pablo, padre mío y fidelísimo discípulo de Jesús, fortalece mi voluntad: quiero comprometerme con toda el alma hasta que se forme Jesucristo en mí.

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Oración ecuménica a María

Dios te salve, María, madre, maestra y reina nuestra. Escucha con bondad la súplica que te presentamos según el deseo de Jesús: “Rogad al Señor de la mies que mande trabajadores a su mies”.
   
Vuelve tus ojos misericordiosos hacia todos los hombres. Muchos andan extraviados en las tinieblas, sin padre, sin pastor y sin maestro. En ti, María, encontrarán la senda para llegar a Cristo, pues el Padre te ha constituido “apóstol” para dar al mundo a Jesús, camino, verdad y vida.
   
Por ti, todos los católicos, con todas las energías, por todas las vocaciones, para todos los apostolados.
   
Por ti, todos los creyentes por todos los no creyentes; todos los comprometidos por todos los indiferentes; todos los católicos por todos los no católicos.
   
Por ti, todos los llamados sean fieles a su vocación, todos los apóstoles sean santos, todos los hombres los acojan.
   
Al pie de la cruz tu corazón se dilató para acogernos a todos como hijos.
   
Danos un corazón apostólico, modelado según el de Jesús, según el tuyo y el de san Pablo, para que un día nos encontremos todos juntos contigo en la casa del Padre.
   
Bendice a tus hijos, María, madre, maestra y reina.

Oración a san Pablo

Apóstol san Pablo, que con tu doctrina y tu amor has evangelizado al mundo entero, mira con bondad a tus hijos y discípulos.
   
Todo lo esperamos de tu intercesión ante el Divino Maestro y ante María, Reina de los Apóstoles. Maestro de los gentiles, ayúdanos a vivir de fe, a salvarnos por la esperanza y a que reine en nosotros el amor. Concédenos, instrumento elegido, una dócil correspondencia a la gracia, para que no sea estéril en nosotros. Que sepamos conocerte, amarte e imitarte cada vez mejor, para ser miembros vivos de la Iglesia, cuerpo místico de Jesucristo. Suscita muchos y santos apóstoles que aviven el cálido soplo dei verdadero amor, extendiéndolo por todo el mundo, de modo que todos los hombres conozcan y den gloria a Dios Padre y a Jesús Maestro, camino, verdad y vida. Tú sabes, Jesús,
   
que nuestra confianza no se apoya en nuestras propias fuerzas. Por tu misericordia, nos proteja de toda adversidad la poderosa intercesión de san Pablo, nuestro padre y maestro.

A san Gabriel arcángel

Padre, te doy gracias por haber elegido y enviado al arcángel san Gabriel para anunciar la encarnación de tu Hijo y la redención de la humanidad. María acogió el anuncio con fe; tu Hijo se encarnó y murió en la cruz para redimir a todos los hombres.
   
Pero la mayoría de ellos vive aún en tinieblas por no haber recibido el mensaje de la salvación.
   
San Gabriel, protector de los instrumentos de comunicación social, intercede ante el Maestro divino para que la Iglesia proclame con estos poderosos medios las verdades de la fe y el camino de la salvación.
   
Que estos dones de Dios se pongan al servicio del progreso y la salvación de todos los hombres.
   
Que jamás estos instrumentos se empleen para difundir el error y el mal.
   
Que todos los hombres acojan con docilidad el mensaje de Jesucristo.
   
San Gabriel, ruega por nosotros y por el apostolado de los instrumentos de comunicación social. Amén.

Ofertorio paulino
(por la comunicación social)

Padre, en comunión con toda la Iglesia, que hoy celebra el misterio de la redención, te ofrezco a Jesús-eucaristía y a mí mismo/a, como humilde víctima:

– Para reparar los errores y escándalos difundidos en el mundo con los medios de comunicación social.

– Para pedirte misericordia por cuantos, engañados y seducidos por estos poderosos medios, se alejan de tu amor de Padre.

– Por la conversión de quienes, en el uso de estos medios, ignoran el magisterio de Cristo y de la Iglesia, desorientando la mente, el corazón y la actividad de los hombres.

– Para que todos sigamos al único Maestro que tú, Padre, por tu inmenso amor, enviaste al mundo, proclamando: “Este es mi Hijo, el amado; escuchadlo”.

– Para que reconozcamos y enseñemos que sólo Jesús, Palabra encarnada, es el único y verdadero Maestro, camino seguro que nos lleva a conocer al Padre y a participar de su vida.

– Para que aumente en la Iglesia el número de sacerdotes, religiosos, religiosas y seglares comprometidos en el apostolado de los instrumentos de comunicación, que anuncien en todo el mundo el mensaje de la salvación.

– Para que los escritores, técnicos y difusores estén llenos de sabiduría y de espíritu evangélico, y sean auténticos testigos de vida cristiana en el campo de la comunicación social.

– Para que las iniciativas católicas, en el sector de las comunicaciones sociales, sean cada vez más numerosas, y promuevan con eficacia los auténticos valores humanos y cristianos.

– Para que todos/as nosotros/as, conscientes de nuestra ignorancia y pobreza, nos acerquemos, con humilde confianza, a la fuente de la vida, y nos alimentemos de la Palabra y la eucaristía, pidiendo para todos los hombres luz, amor y misericordia.

  

Ofertorio pastoral
(Hermanas Pastorcitas)

Padre, en comunión con toda la Iglesia, que hoy celebra el misterio de la redención, te ofrezco a Jesús-eucaristía y a mí misma, como humilde víctima:

– Para reparar todas las ofensas a Jesús, buen Pastor, viviente en la persona del Papa, de los obispos y sacerdotes.

– Para pedirte misericordia por todas las ovejas que se han alejado del verdadero rebaño o andan todavía dispersas como ovejas sin pastor.

– Por la conversión de los falsos pastores, que apartan a los hombres de Jesús, buen Pastor, que da la vida por las ovejas.

– Para que honremos, amemos y sigamos sólo a Jesús, camino, verdad y vida.

– Para que cooperemos con los pastores en la tarea de iluminar, guiar e interceder por la salvación de los hombres.

– Para pedirte que todos los pastores y sus colaboradores, especialmente los padres y maestros, sean santos, y estén llenos de sabiduría y de celo por la gloria de Dios y la salvación de los hombres.

– Para que aumente el número de llamados, que posean la eficacia de la palabra, realicen el apostolado de la oración y el testimonio, y haya pronto un solo rebaño y un solo Pastor.

– Para que todas nosotras reconozcamos nuestra ignorancia y pobreza y la necesidad de acudir siempre, con humildad, al sagrario para pedir luz, misericordia y gracia.

  

Ofertorio vocacional
(Hermanas Apostolinas)

Padre nuestro, que estás en el cielo, en comunión con toda la Iglesia, te ofrezco a Jesús-eucaristía y a mí misma, como humilde víctima:

– Como adoración y acción de gracias, porque en tu Hijo eres el autor del sacerdocio, de la vida religiosa y de toda vocación.

– Como reparación a tu corazón de Padre por los llamados que han descuidado, obstaculizado o abandonado su vocación.

– Para compensar en Jesucristo cuanto los llamados han restado a tu gloria, a sus hermanos los hombres y a sí mismos.

– Para que todos comprendan el anhelo de Jesucristo: “La mies es abundante, pero los trabajadores son pocos; rogad, pues, al Señor de la mies que mande trabajadores a su mies” (Mt 9,37-38).

– Para que se cree en todas partes un clima familiar, religioso y social que favorezca la respuesta de los llamados.

– Para que padres, educadores y sacerdotes, utilizando los medios espirituales y materiales a su alcance, orienten cada vez mejor a los llamados.

– Para que en la orientación y formación de los llamados sigamos a Jesús Maestro, camino, verdad y vida.

– Para que todos los llamados sean santos, luz del mundo y sal de la tierra.

– Para que se forme en todos una profunda conciencia vocacional: todos los católicos, con todos los medios, por todas las vocaciones y apostolados.

– Para que todas nosotras, reconozcamos nuestra ignorancia y pobreza, y la necesidad de acudir siempre, con humildad, al sagrario para pedir luz, misericordia y gracia.

 
Oración del trabajador

Jesús, obrero y amigo de los obreros, mira con bondad el mundo del trabajo. Te presentamos las necesidades de cuantos realizan un trabajo intelectual, espiritual o material. Ya ves entre cuántos sufrimientos, físicos y morales, entre cuántas fatigas y peligros transcurren nuestros días. Repítenos tus palabras compasivas: “Me da lástima de esta gente” (Me 8,2). Y confórtanos, por intercesión de san José, modelo de los trabajadores.
   
Danos la sabiduría, la virtud y el amor que te sostuvieron en tus duras jornadas. Inspíranos pensamientos de fe, de paz, de moderación y austeridad, para que busquemos siempre, junto con el pan de cada día, los bienes espirituales y la salvación eterna. Líbranos de quienes pretenden, con engaño, arrebatarnos el don de la fe y la confianza en tu providencia. Líbranos de los explotadores, que ignoran los derechos y la dignidad de la persona humana. Te pedimos que las leyes sociales se inspiren en la doctrina de la Iglesia, y los obreros se integren en las asociaciones de trabajadores de inspiración cristiana. Que todas las clases sociales trabajen unidas por la paz y la justicia. Que cambien de actitud quienes manipulan y se aprovechan del obrero. Que todos acepten el magisterio del Papa en el campo de la doctrina social de la Iglesia, que garantiza al trabajador una gradual promoción y la posesión del reino de los cielos, herencia de los que son pobres en el espíritu. Amén.

Para leer la correspondencia y recibir personas

Jesús Maestro, ilumina mi mente para que comprenda a quien se dirige a mí. Dame sentimientos rectos. Concédeme la gracia de responder como lo harías tú. Dispón los corazones de todos para que busquemos únicamente tu gloria y la paz de los hombres.

Oración para los viajes

Jesús verdad, ilumíname para que viaje, sólo y siempre, inspirado por el amor, con la mirada puesta en la meta definitiva: el cielo.

Jesús camino, sé tú mi guía para que tenga pleno dominio, ojo seguro y moderación constante.
   
Jesús vida, sé para mí y para cuantos acompañe o encuentre, alegría del espíritu y salvación de alma y cuerpo.

Ángel de la guarda, precédeme y guárdame. Amén.

 

Invitatorio: Adoremos a Jesucristo, Nuestro único Maestro. Adoremos a Jesucristo…

 

 

1) Yo Soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre si no es por Mí. Yo Soy la Luz del mundo, el que me sigue no camina en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida (Jn 14, 6; 8,12).

Adoremos a Jesucristo…

 

2) Ustedes me llaman Maestro y Señor, y dicen bien, porque lo soy. Les he dado ejemplo, para que hagan como Yo he hecho (Jn 13, 13.15).

Adoremos a Jesucristo…

 

3) No dejen que a ustedes los llamen maestros, porque uno solo es el Maestro, Cristo, y ustedes son todos hermanos (Mt 23,8).

Adoremos a Jesucristo…

 

4) No es el discípulo superior al maestro, sino que todo discípulo, acabada su formación, será como un maestro (Lc 6,40).

Adoremos a Jesucristo…

 

5) Yo Soy la vid, ustedes los sarmientos. Quien permanece en Mí y Yo en él, ese da mucho fruto (Jn 15,5). Adoremos a Jesucristo…

 

6) Yo Soy el Pan de Vida, el que coma de este Pan vivirá eternamente; y el Pan que Yo daré es mi Carne para la vida del mundo (Jn 6, 48.51).

Adoremos a Jesucristo…

 

7) Vayan por el mundo y prediquen el Evangelio a toda la Creación. El que crea y se bautice se salvará (Mc 16, 15-16).

Adoremos a Jesucristo…

 

Lectura y reflexión bíblica (a elección): Mt 23, 1-10; Jn 14, 1-11; Hb 1,1-16; etc.

(Después de la reflexión, se puede hacer, de manera espontánea, una oración de los fieles).

 

Himno (algún canto a Jesús)

V/. Jesús Maestro, Camino, Verdad y Vida

R/. Enséñame el camino de tu verdad y santidad

 

Antífona: Maestro, sabemos que eres veraz, y que enseñas el camino de Dios según la verdad.

Se reza el Magnificat de María (Lc 1, 46-55)

Se repite la antífona

 

Oración final: Oremos – Dios Todopoderoso y Eterno, que has enviado a tu Hijo único como Maestro Universal, haz que, asimilando su doctrina, consigamos alcanzar las realidades eternas. Por el Mismo Cristo Nuestro Señor.

Amén.

 

(Esta novena debe hacerse en estado de gracia, luego de una buena confesión y continuar con nueve días de esta especial oración acompañada de Misa y Comunión diaria).

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