Para Reflexionar

JÓVENES CON ACTITUD POSITIVA

Los jóvenes que están llenos de actitudes positivas encuentran más sentido del humor a las tragedias, que aquellos que solo miran el lado oscuro de la situación; siempre hay dos momentos de elección, el positivo y el negativo. En los espacios de convivencia con la familia, con los amigos, en el trabajo, en la escuela, en una playa, en una ciudad siempre se brinda esa posibilidad de elección; frente a la adversidad tenemos que mirar el lado positivo, en las alegrías encontrar el momento cumbre, en las tristezas saber revalorar lo bueno que se tiene.

Los jóvenes de hoy tienen que tener una actitud positiva para cada una de sus elecciones de vida; para escoger una carrera profesional, para enamorarse, para decidir trabajar, para viajar o incluso para quedarse en el mismo sitio donde se encuentran. Actitud positiva para pasar la prueba de examen, para solucionar un problema familiar, para enfrentar momentos de flaqueza. La actitud positiva es un estado mental que permiten vivir la vida de forma equilibrada, ser positivo hace una diferencia porque con ello se alimentan las cualidades, los valores y las virtudes. Cuando se tiene una actitud positiva es posible creer más en sí mismo, estar dispuesto a ver lo mejor que tienen los demás, encontrar oportunidades en donde quiera que se busquen, enfocarse siempre a encontrar una solución, ser más generosos, ser persistentes pero sobre todo tener una responsabilidad por la vida asumiendo las consecuencias de sus pensamientos y acciones.

En la actualidad el mundo requiere de jóvenes con actitud positiva, capaces de salir adelante aunque hayan pasado todo el día frente al mar intentado pescar algo y no lo hayan conseguido, con la esperanza de que mañana será un día mejor.

JÓVENES ¡DESPIERTEN! -Por María Velázquez Dorantes-

Fuente : http://www.familiacristiana.org.ar/

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Despertar

Queridos Jóvenes  queremos compartir con ustedes  el articulo de María Velázquez Dorantes   titulado “JÓVENES ¡DESPIERTEN! ”  publicado en la revista  online Familia Cristiana.

descargaHoy en día se necesita gritar a grandes voces, con grandes aparatos para que cada oído escuche el despertar a la realidad y del corazón. El mundo está lleno de complicadas situaciones, pero también de maravillosos momentos y realidades, está construido sobre la base del amor y no es justo que la inmundicia y la mancha negra intenten borrar el prodigio de Dios.

Las sociedades están sustentadas sobre aquellos que empiezan, niños y jóvenes para respaldar a los adultos y ancianos. Pero, ¿qué sucede? Los vicios, las malas costumbres, la corrupción, el negocio negro y las mentes llenas de odio, atacan a dichas bases: jóvenes. Por eso es urgente el grito, pero un grito vivo y de libertad que despierte a todos los jóvenes, para unidos formen la fuerza, fomenten la ayuda y el respeto, combatan a los edificadores de las mentes egoístas y derrumben a quienes se oponen a la paz. ¿ Por medio de qué? Por medio de la unión con Cristo y a través de la filosofía intelectual, es decir, al amor a la sabiduría.

Tenemos muchos ejemplos de vida, ejemplos que nos ayudan a impulsar la unión de la paz, la construcción de realidades sanas y ayuda mutua: Juan Pablo II, Teresa de Calcuta, San Martín de Porres, etc. Y el más claro ejemplo de vida y de amor, ha sido Jesús, que dio su vida por nosotros en una cruz. Despertemos a la realidad de un mundo diferente, en el que cada uno puede donar un pedacito de amor, para aquellos que lo necesitan.

Fuente: http://www.familiacristiana.org.ar/

¿Cómo saber si Dios me llama?

Hola amigos queremos compartir con ustedes un artículo  muy bonito sobre discernimiento de H. Edgar Henríquez Carrasco, LC publicado por CatholicLink

Cuando uno habla de vocación muchos se asustan. Lo primero que piensan es en hábitos, oraciones eternas, todos viviendo en una misma casa, estar lejos de la familia, etc. Pero la verdad es que es mucho más que eso. Para los que hemos decidido dejarlo todo y seguir a Jesús en la vida consagrada, es una verdadera alegría. Tiene muchas gratificaciones, pero también sacrificio y arduo trabajo.

Dios llama para hacernos suyos: para dejar atrás la vida que llevábamos y entregarnos por entero a Él. No todos tienen están llamados a este camino, pero si hay muchos, que pudiendo estar llamados no saben cómo escuchar a Dios. ¿Cómo saber si Dios me llama a seguirlo en la vida consagrada o sacerdotal? Aquí te comparto siete claves para discernir con madurez si Dios te llama a este camino o no. Pon atención, porque si te tomas en serio estas recomendaciones, Dios podría de verdad estar tocando la puerta de tu corazón para hacerte suyo como lo ha hecho con nosotros.

http://catholic-link.com/2016/09/09/como-saber-dios-llama-claves-discernir-vocacion-vida-consagrada/

Paulinas al servicio del Evangelio y la cultura

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La Biblia Africana:

El 3 de marzo 2016, el Papa Francisco ha recibido en una audiencia privada al card. Robert Sarah y a nuestras hermanas Paulinas Pelagia Banze y Noemi Bergamin, quienes le han presentado La Biblia Africana. La edición de esta Biblia es fruto de una provechosa y amplia colaboración con diversas instituciones: las Paulinas de Africa del este, que generosamente han aportado los textos del aparato crítico; la Societad Bíblica francesa, por el texto de la TOB; el equipo de biblistas y de los teólogos de Africa de habla francesa. El card. Sarah ha presentado la Biblia al Santo Padre destacando las características peculiares de esta edición donde las notas pastorales, las introducciones, los comentarios, los gráficos, han sido preparados cuidadosamente con atención y valoración de la cultura y de los valores propios del pueblo africano. El Papa con reconocimiento ha comentado: «Esta es verdadera inculturación de la Palabra, para el beneficio de la gente». Luego ha acogico con grata sorpresa el regalo de la Biblia que la Hna Pelagie le ha ofrecido y, gentilmente ha posado para una foto de recuerdo inolvidable.

Fuente: http://www.paoline.org/paoline/s2magazine/index1.jsp?idPagina=16746

Jornada Mundial para las Comunicaciones Sociales

MENSAJE DEL SANTO PADRE FRANCISCO

PARA LA 50 JORNADA MUNDIAL

DE LAS COMUNICACIONES SOCIALES

 

Comunicación y Misericordia: un encuentro fecundo

 

Queridos hermanos y hermanas:

El Año Santo de la Misericordia nos invita a reflexionar sobre la relación entre la comunicación y la misericordia. En efecto, la Iglesia, unida a Cristo, encarnación viva de Dios Misericordioso, está llamada a vivir la misericordia como rasgo distintivo de todo su ser y actuar. Lo que decimos y cómo lo decimos, cada palabra y cada gesto debería expresar la compasión, la ternura y el perdón de Dios para con todos. El amor, por su naturaleza, es comunicación, lleva a la apertura, no al aislamiento. Y si nuestro corazón y nuestros gestos están animados por la caridad, por el amor divino, nuestra comunicación será portadora de la fuerza de Dios.

Como hijos de Dios estamos llamados a comunicar con todos, sin exclusión. En particular, es característico del lenguaje y de las acciones de la Iglesia transmitir misericordia, para tocar el corazón de las personas y sostenerlas en el camino hacia la plenitud de la vida, que Jesucristo, enviado por el Padre, ha venido a traer a todos. Se trata de acoger en nosotros y de difundir a nuestro alrededor el calor de la Iglesia Madre, de modo que Jesús sea conocido y amado, ese calor que da contenido a las palabras de la fe y que enciende, en la predicación y en el testimonio, la «chispa» que los hace vivos.

La comunicación tiene el poder de crear puentes, de favorecer el encuentro y la inclusión, enriqueciendo de este modo la sociedad. Es hermoso ver  personas que se afanan en elegir con cuidado las palabras y los gestos para superar las incomprensiones, curar la memoria herida y construir paz y armonía. Las palabras pueden construir puentes entre las personas, las familias, los grupos sociales y los pueblos. Y esto es posible tanto en el mundo físico como en el digital. Por tanto, que las palabras y las acciones sean apropiadas para ayudarnos a salir de los círculos viciosos de las condenas y las venganzas, que siguen enmarañando a individuos y naciones, y que llevan a expresarse con mensajes de odio. La palabra del cristiano, sin embargo, se propone hacer crecer la comunión e, incluso cuando debe condenar con firmeza el mal, trata de no romper nunca la relación y la comunicación.

Quisiera, por tanto, invitar a las personas de buena voluntad a descubrir el poder de la misericordia de sanar las relaciones dañadas y de volver a llevar paz y armonía a las familias y a las comunidades. Todos sabemos en qué modo las viejas heridas y los resentimientos que arrastramos pueden atrapar a las personas e impedirles comunicarse y reconciliarse. Esto vale también para las relaciones entre los pueblos. En todos estos casos la misericordia es capaz de activar un nuevo modo de hablar y dialogar, como tan elocuentemente expresó Shakespeare: «La misericordia no es obligatoria, cae como la dulce lluvia del cielo sobre la tierra que está bajo ella. Es una doble bendición: bendice al que la concede y al que la recibe» (El mercader de Venecia, Acto IV, Escena I).

Es deseable que también el lenguaje de la política y de la diplomacia se deje inspirar por la misericordia, que nunca da nada por perdido. Hago un llamamiento sobre todo a cuantos tienen responsabilidades institucionales, políticas y de formar la opinión pública, a que estén siempre atentos al modo de expresase cuando se refieren a quien piensa o actúa de forma distinta, o a quienes han cometido errores. Es fácil ceder a la tentación de aprovechar estas situaciones y alimentar de ese modo las llamas de la desconfianza, del miedo, del odio. Se necesita, sin embargo, valentía para orientar a las personas hacia procesos de reconciliación. Y es precisamente esa audacia positiva y creativa la que ofrece verdaderas soluciones a antiguos conflictos así como la oportunidad de realizar una paz duradera. «Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia. […] Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios» (Mt 5,7.9).

Cómo desearía que nuestro modo de comunicar, y también nuestro servicio de pastores de la Iglesia, nunca expresara el orgullo soberbio del triunfo sobre el enemigo, ni humillara a quienes la mentalidad del mundo considera perdedores y material de desecho. La misericordia puede ayudar a mitigar las adversidades de la vida y a ofrecer calor a quienes han conocido sólo la frialdad del juicio. Que el estilo de nuestra comunicación sea tal, que supere la lógica que separa netamente los pecadores de los justos. Nosotros podemos y debemos juzgar situaciones de pecado –violencia, corrupción, explotación, etc.–, pero no podemos juzgar a las personas, porque sólo Dios puede leer en profundidad sus corazones. Nuestra tarea es amonestar a quien se equivoca, denunciando la maldad y la injusticia de ciertos comportamientos, con el fin de liberar a las víctimas y de levantar al caído. El evangelio de Juan nos recuerda que «la verdad os hará libres» (Jn 8,32). Esta verdad es, en definitiva, Cristo mismo, cuya dulce misericordia es el modelo para nuestro modo de anunciar la verdad y condenar la injusticia. Nuestra primordial tarea es afirmar la verdad con amor (cf. Ef 4,15). Sólo palabras pronunciadas con amor y  acompañadas de mansedumbre y misericordia tocan los corazones de quienes somos pecadores. Palabras y gestos duros y moralistas corren el riesgo hundir más a quienes querríamos conducir a la conversión y a la libertad, reforzando su sentido de negación y de defensa.

Algunos piensan que una visión de la sociedad enraizada en la misericordia es injustificadamente idealista o excesivamente indulgente. Pero probemos a reflexionar sobre nuestras primeras experiencias de relación en el seno de la familia. Los padres nos han amado y apreciado más por lo que somos que por nuestras capacidades y nuestros éxitos. Los padres quieren naturalmente lo mejor para sus propios hijos, pero su amor nunca está condicionado por el alcance de los objetivos. La casa paterna es el lugar donde siempre eres acogido (cf. Lc 15,11-32). Quisiera alentar a todos a pensar en la sociedad humana, no como un espacio en el que los extraños compiten y buscan prevalecer, sino más bien como una casa o una familia, donde la puerta está siempre abierta y en la que sus miembros se acogen mutuamente.

Para esto es fundamental escuchar. Comunicar significa compartir, y para compartir se necesita escuchar, acoger. Escuchar es mucho más que oír. Oír hace referencia al ámbito de la información; escuchar, sin embargo, evoca la comunicación, y necesita cercanía. La escucha nos permite asumir la actitud justa, dejando atrás la tranquila condición de espectadores, usuarios, consumidores. Escuchar significa también ser capaces de compartir preguntas y dudas, de recorrer un camino al lado del otro, de liberarse de cualquier presunción de omnipotencia y de poner humildemente las propias capacidades y los propios dones al servicio del bien común.

Escuchar nunca es fácil. A veces es más cómodo fingir ser sordos. Escuchar significa prestar atención, tener deseo de comprender, de valorar, respetar, custodiar la palabra del otro. En la escucha se origina una especie de martirio, un sacrificio de sí mismo en el que se renueva el gesto realizado por Moisés ante la zarza ardiente: quitarse las sandalias en el «terreno sagrado» del encuentro con el otro que me habla (cf. Ex 3,5). Saber escuchar es una gracia inmensa, es un don que se ha de pedir para poder después ejercitarse practicándolo.

También los correos electrónicos, los mensajes de texto, las redes sociales, los foros pueden ser formas de comunicación plenamente humanas. No es la tecnología la que determina si la comunicación es auténtica o no, sino el corazón del hombre y su capacidad para usar bien los medios a su disposición. Las redes sociales son capaces de favorecer las relaciones y de promover el bien de la sociedad, pero también pueden conducir a una ulterior polarización y división entre las personas y los grupos. El entorno digital es una plaza, un lugar de encuentro, donde se puede acariciar o herir, tener una provechosa discusión o un linchamiento moral. Pido que el Año Jubilar vivido en la misericordia «nos haga más abiertos al diálogo para conocernos y comprendernos mejor; elimine toda forma de cerrazón y desprecio, y aleje cualquier forma de violencia y de discriminación» (Misericordiae vultus, 23). También en red se construye una verdadera ciudadanía. El acceso a las redes digitales lleva consigo una responsabilidad por el otro, que no vemos pero que es real, tiene una dignidad que debe ser respetada. La red puede ser bien utilizada para hacer crecer una sociedad sana y abierta a la puesta en común.

La comunicación, sus lugares y sus instrumentos han traído consigo un alargamiento de los horizontes para muchas personas. Esto es un don de Dios, y es también una gran responsabilidad. Me gusta definir este poder de la comunicación como «proximidad». El encuentro entre la comunicación y la misericordia es fecundo en la medida en que genera una proximidad que se hace cargo, consuela, cura, acompaña y celebra. En un mundo dividido, fragmentado, polarizado, comunicar con misericordia significa contribuir a la buena, libre y solidaria cercanía entre los hijos de Dios y los hermanos en humanidad.

Vaticano, 24 de enero de 2016

Francisco

https://w2.vatican.va/content/francesco/es/messages/communications/documents/papa-francesco_20160124_messaggio-comunicazioni-sociali.html