Beato Santiago Alberione un apóstol para nuestros tiempos

La Familia Paulina celebra al Beato Santiago Alberione

Tras sufrir  su agonía el querido beato Santiago Alberione fallecía, asistido por el santo papa Pablo VI el 26 de noviembre de 1971 a los 87 años. El papa, su gran amigo acudió sin demora para darle su bendición apostólica y prepararlo para volver por fin, a los brazos del Padre.

Sus últimas palabras de aquella tarde tras haber, como san Pablo, haber “combatido el buen combate” decía «Me muero… ¡Paraíso!», y, transcurrida una hora: «Rezo por todos». Su último gesto fue, con gran esfuerzo físico, trazar con su braso la señal de la cruz. Aquella cruz que él había abrazado, a ejemplo de Cristo el Divino Maestro.

El Espíritu infunde un nuevo carisma para la Iglesia

El Señor lo había mirado fijamente, con gran ternura y lo llamó para hacer realidad su proyecto de amor expresado en la fundación de la “admirable Família Paulina”. Un carisma nuevo para la Iglesia nacía en el siglo XX. La evangelización con todos los medios modernos para llegar a todos. Un nuevo fuego para anunciar el Evangello a través de las 10 llamas: 5 congregaciones y 5 institutos darían a la Iglesia nuevas herramientas, nuevos  hombres y mujeres consagrados al anuncio de la Buena Noticia.

San Pablo VI, un papa amigo 

el encuentro de dos santos

Pablo VI, admiraba tiernamente al P. Alberione del cual dijo “Miradlo: humilde, silencioso, incansable, siempre alerta, siempre ensimismado en sus pensamientos, que van de la oración a la acción, siempre atento a escrutar los “signos de los tiempos”, es decir, las formas más geniales de llegar a las almas… Nuestro P. Alberione ha dado a la Iglesia nuevos instrumentos para expresarse, nuevos medios para vigorizar y ampliar su apostolado, nueva capacidad y nueva conciencia de la validez y de la posibilidad de su misión en el mundo moderno y con los medios modernos”

El 25 de junio de 1996, san Juan Pablo II firmó el Decreto con el que se reconocen las virtudes heroicas y fue beatificado el 27 de abril  de 2003, en el día de la Solemnidad de la Divina Misericordia.

El padre Alberione fue nombrado Patrono de las Comunicaciones y de la Internet por el Colegio de Cardenales de la Santa Sede. En su vida, con gran generosidad,  había prometido  interceder y orar por todos aquellos que usan y trabajan con los medios de comunicación.

 

 

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Comenzó en Roma el sínodo de los jóvenes

Ha comenzado XV Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos, dedicado a los Jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional. 

Surge así una nueva esperanza para la Iglesia que pone su mirada en los jóvenes que buscan el proyecto de Dios para sus vidas. Muy oportuno será el tema tratado por los obispos sobre de la búsqueda vocacional para millones de jóvenes en el mundo entero que quieren encontrar el camino trazado por Cristo.

Unos 70.000 jóvenes  provenientes de unas 200 diócesis del país, participaron en la gran peregrinación organizada por la Conferencia Episcopal Italiana con el lema “Por mil caminos, hacia Roma”. Contentos y esperanzados se reunieron en la plaza de San Pedro para encontrarse con el papa Francisco.

El papa habló a los jóvenes peregrinos “Un joven sin sueños es un joven anestesiado que no podrá entender la vida”, les dijo el Papa. “Vosotros tenéis en el corazón estas estrellas brillantes que son vuestros sueños: son vuestra responsabilidad y vuestro tesoro”, añadió.

El Papa los llamó a “transformar los sueños de hoy en la realidad del futuro y para esto hay que ser valiente” y les pidió preguntarse de dónde vienen estos sueños.

“Es triste ver a los jóvenes en el sillón viendo cómo pasa la vida delante de ellos. Lo he dicho otras veces. Un joven sin sueños, que se jubilan con 20-21 años es triste”, dijo al igual que en otras ocasiones.

El Papa alertó contra el “delirio de la omnipotencia” pero también les aseguró que “con Dios vas adelante, no te preocupes”. “Los sueños de los jóvenes dan un poco de miedo a los adultos porque cuando un joven sueña… quizás porque los adultos han dejado de soñar y de arriesgarse” o “porque ponen en crisis sus elecciones de vida”.

“No os dejéis robar vuestros sueños”, dijo para hablar a continuación de San Francisco de Asís, patrón de Italia, y que, según el Papa, soñó en grande, arriesgó y “cambió Italia”.

En este mes de octubre toda la Iglesia está llamada a acompañar el sínodo de los obispos con nuestra oración.

 

 

El ángel custodio siempre a nuestro lado

El 2 de octubre la iglesia celebra al ángel de la guarda. Todos tenemos un ángel custodia que nos acompaña todo el tiempo, nos cuida de los peligros y nos aconseja siempre para llevarnos a Dios.

Nos afirma el Catecismo de la Iglesia católica: “Desde su comienzo hasta la muerte, la vida humana está rodeada de su custodia y de su intercesión”. Asimismo, añade una frase de San Basilio Magno: “Nadie podrá negar que cada fiel tiene a su lado un Ángel como protector y pastor para conducir su vida”.

San Juan Pablo II en una de sus catequesis sobre los ángeles nos decía “La Iglesia confiesa su fe en los Ángeles Custodios, venerándolos en la liturgia con una fiesta especial, y recomendando el recurso a su protección con una oración frecuente”. Así muchos santos tuvieron una estrecha relación con su ángel de la guarda y recomendaban a las personas tenerlos siempre presente.

El beato Santiago Alberione dejó una rica herencia espiritual a toda la Familia Paulina. Muy devoto del ángel de la guarda escribió varias oraciones para rezarle a este ser espiritual a que Dios confió nuestra custodia. Compartimos algunas oraciones para crecer en el conocimiento y devoción hacia nuestro guardián.

Padre celestial, te doy gracias por tu infinita bondad,
porque desde el mismo momento en que yo salía de
tus manos creadoras me confiaste a un ángel
para que “me ilumine, guarde, rija y gobierne”.
Y gracias también a ti, ángel de mi guarda
por tu constante presencia en mi peregrinación
hacia el Padre. Tus santas inspiraciones ,
tu protección continua contra los peligros
espirituales y corporales y tu poderosa
oración ante el Señor son para mí
gran consuelo y segura esperanza.

Amén